viernes, 6 de julio de 2012

“LA MALA VIDA”


Varias veces en nuestra vida llegamos a sentirnos tan destrozados y derrumbados en la decepción de la desilusión. Con que cara podemos mirar hacia delante para no sentirnos tan pequeños ante el mundo, porque a nuestro parecer nos vemos tan desplazados o ignorados, cómo poder mirar nuestro propio odio en nuestra propia cara y no sentir, ni siquiera que nuestro propio rostro llegue a mostrar ninguna reacción visible ante lo que nos rodea, ni siquiera para nosotros mismos ante un espejo, mientras el odio se queda dentro de nosotros sin ver la luz, sin expulsarlo hacia fuera, ese egoísmo es el que nos consume y no nos damos cuenta hasta que estamos completamente demolidos y en ese momento es tan difícil volver a ser nosotros mismos que incluso llegamos a construirnos nuestra propia realidad y nuestras propias leyes.

Lo conocí en un bar de las afueras de la ciudad y desde ese momento no volvimos a separarnos. Una pareja con unas condiciones poco propias de una relación estable, demasiado liberal para mi gusto, pero qué se puede hacer cuando se ama en cuerpo y alma, yo lo puedo decir y es un constante sufrimiento hasta que acatas las reglas que hay aún sintiendo como sientes y amando como sólo un hombre puede llegar a amar.
Esa vida que llevabas de sexo y drogas en la que me incluías y aún decías que me querías, lo peor de todo era que yo te creía porque te adoraba más que a mi propia vida, mis ojos veían y mis oídos escuchaban pero, mi corazón sentía y mi cabeza no lo creía.
Todo aquello era un sin vivir, una ilusión creada por mi cabeza para no sentir tanto dolor.
Te odiaba tanto como te quería y muchas noches lloré pensando en mi gran desgracia, en tu ignorancia, en tu desprecio hasta que un día me levanté, te miré mientras dormías, inmóvil casi sin pestañear maldecía el día en que te había conocido. Me vestí y salí por la puerta sin mirar hacia atrás, sin recoger nada, simplemente con lo puesto y elegí mi destino que era no estar contigo.
Meses más tarde, un día lo vi por la calle en un callejón apoyado en la pared estaba, con la ropa sucia, roída y desgastada, al verlo me detuve, nos miramos, sentí en sus ojos la oscuridad de su realidad en la que él era consciente y me sentí como entonces en su piso, a oscuras y desnudo, sucio y mal oliente ante la mirada de muchos chicos deseosos de sexo. En ese instante vi reflejada la enfermedad y la adicción en sus ojos, yo seguí caminando, recordando las palabras que le decía;
-Deja esta vida y vayámonos tan lejos como nuestro amor nos deje, no necesitas de esto para vivir, sólo nos necesitamos el uno al otro, yo sé que me quieres y sólo tienes que decírmelo amor mío, para llevarte de vuelta al mundo, al mundo de los seres vivos, donde podamos vivir y ser felices juntos porque yo te sigo amando a pesar de todo y de todos, eso nunca va a cambiar.-
Y caminando ya no lloraba aunque algo todavía sentía pero no me arrepentía de haber tomado la decisión adecuada aquella mañana en la que salí con lo puesto, queriendo una vida mejor.

                                                                

No hay comentarios:

Publicar un comentario