Varias veces en nuestra vida llegamos a sentirnos tan
destrozados y derrumbados en la decepción de la desilusión. Con que cara
podemos mirar hacia delante para no sentirnos tan pequeños ante el mundo,
porque a nuestro parecer nos vemos tan desplazados o ignorados, cómo poder
mirar nuestro propio odio en nuestra propia cara y no sentir, ni siquiera que
nuestro propio rostro llegue a mostrar ninguna reacción visible ante lo que nos
rodea, ni siquiera para nosotros mismos ante un espejo, mientras el odio se
queda dentro de nosotros sin ver la luz, sin expulsarlo hacia fuera, ese
egoísmo es el que nos consume y no nos damos cuenta hasta que estamos
completamente demolidos y en ese momento es tan difícil volver a ser nosotros
mismos que incluso llegamos a construirnos nuestra propia realidad y nuestras
propias leyes.
Lo conocí en un bar de las afueras de la ciudad y
desde ese momento no volvimos a separarnos. Una pareja con unas condiciones
poco propias de una relación estable, demasiado liberal para mi gusto, pero qué
se puede hacer cuando se ama en cuerpo y alma, yo lo puedo decir y es un
constante sufrimiento hasta que acatas las reglas que hay aún sintiendo como
sientes y amando como sólo un hombre puede llegar a amar.
Esa vida que llevabas de sexo y drogas en la que me
incluías y aún decías que me querías, lo peor de todo era que yo te creía
porque te adoraba más que a mi propia vida, mis ojos veían y mis oídos
escuchaban pero, mi corazón sentía y mi cabeza no lo creía.
Todo aquello era un sin vivir, una ilusión creada por
mi cabeza para no sentir tanto dolor.
Te odiaba tanto como te quería y muchas noches lloré
pensando en mi gran desgracia, en tu ignorancia, en tu desprecio hasta que un
día me levanté, te miré mientras dormías, inmóvil casi sin pestañear maldecía
el día en que te había conocido. Me vestí y salí por la puerta sin mirar hacia
atrás, sin recoger nada, simplemente con lo puesto y elegí mi destino que era
no estar contigo.
Meses más tarde, un día lo vi por la calle en un
callejón apoyado en la pared estaba, con la ropa sucia, roída y desgastada, al
verlo me detuve, nos miramos, sentí en sus ojos la oscuridad de su realidad en
la que él era consciente y me sentí como entonces en su piso, a oscuras y
desnudo, sucio y mal oliente ante la mirada de muchos chicos deseosos de sexo.
En ese instante vi reflejada la enfermedad y la adicción en sus ojos, yo seguí
caminando, recordando las palabras que le decía;
-Deja esta vida y vayámonos tan lejos como nuestro
amor nos deje, no necesitas de esto para vivir, sólo nos necesitamos el uno al
otro, yo sé que me quieres y sólo tienes que decírmelo amor mío, para llevarte de
vuelta al mundo, al mundo de los seres vivos, donde podamos vivir y ser felices
juntos porque yo te sigo amando a pesar de todo y de todos, eso nunca va a
cambiar.-
Y caminando ya no lloraba aunque algo todavía sentía
pero no me arrepentía de haber tomado la decisión adecuada aquella mañana en la
que salí con lo puesto, queriendo una vida mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario