La locura está ahí, a sólo un paso, solo lo irreal está en
nuestra mente, en nuestros sueños, en nuestros mayores deseos, la imaginación puede
trasladarnos a esa irrealidad donde por un momento, podemos degustarlo sin
tener paladar, esos deseos que llegamos a tocar aún sin tener el sentido del
tacto, como un beso que damos pero sin sentir la humedad de esos labios.
Imaginar
está bien, pero ¿Hasta qué punto?
-¿Qué haces?-
-Te miro-
-Si eso veo que estas ahí como un pasmarote, un tonto
enamorado, como quien mira a la luna en una noche oscura, tras la pantalla de
tu portátil… o algo así.
-Disfruto del paisaje-
-¿Si?-
-¡Sí! Es bello lo que observo-
-Y eso por quién va, ¿No será por mí?-
-Sí, es por ti. ¿Y tú que ves?-
-Yo, pues te veo a ti también-
-¿Y qué ves?-
-Tus ojos-
-¿Y qué ves en ellos?-
-Pues veo...-
El cielo oscuro, la luna llena y a lo
lejos, en el horizonte unas luces destellantes. Las miras, parpadean sin cesar
y ahí tú quieto, observando medio confuso por esa extraña luz preguntándote que
son, intrigado, absorto, sin poder dejar de observarla, como estas tú en este justo
momento estas ante la web Cam.
Te preguntas que será y ahí detrás de
ti, sale un leve soplido detrás de tu oreja, como un susurro, aunque sigues
inmerso mirando la luz, así quieto, me muestro a tu lado y ahí mismo me siento
junto a ti.
-¿Ves aquella luz? ¡Esa que parpadea! ¡Allá, a lo lejos!- Me
dices estirando el brazo y señalando a lo lejos.
Yo observo pero no la veo, aunque tú
insistes.
-¡Esa, allá!- Me repites señalando con el dedo
insistentemente.
Yo observo más detenidamente para
intentar ver la luz que tú me dices, pero, no consigo verla, está oscuro. Tu
confuso por la luz que yo no veo, me miras y vuelves a mirar hacia la luz.
-¡Ya no está!- Me dices.
-No, ¡Ya no está!- Te respondo, mientras puedo ver el asombro
y confusión traslúcidos a través de tus ojos.