Desde la
cama y con la ventana cerrada se oía el rugir del viento incesante, no tenía
sueño, aún era de día, pero me sentía algo cansado, toda la mañana caminado en
busca de trabajo. Me tumbé en aquel colchón que hacía de cama sobre el suelo, y
recosté la cabeza sobre la almohada, mientras con una mano me cubría hasta la
cintura con la manta que me traje de casa. Cerraba los ojos mientras imaginaba
cómo sería mí vida con un poco más de
suerte, teniendo un trabajo, cómo sería más fácil todo con ese sustento
económico que tanto necesitaba.
La puerta de
la habitación se abrió y tras de ella alguien decía:
-¡Nosotros nos vamos!-
-¡Vale!- Contesté y volviéndose a cerrar la misma puerta, la
casa quedó totalmente en silencio, salvo el ruido exterior del viento.
Tras el
cristal de la puerta del salón se veía la terraza que daba a la calle con el
suelo de tierra. Veía tras ella como el viento la levantaba, no pensaba salir
ahí fuera, pero me lié un cigarrillo, lo encendí y salí a fumar a aquella
terraza. Hacía mucho viento, levantaba hasta mi corto pelo, el sol estaba
fuerte aunque ya era tarde y a pesar del fuerte viento no hacía frío.
No había nadie en la calle, ni un
ruido más que el de aquel incesante viento, hasta que ya fumado medio
cigarrillo un coche pasó, frenó en frente de mí aunque sin detenerse siguió,
volvió a pasar despacio y mirando fijamente hacia mí su conductor, pensé que no
estaba seguro de si me conocía, aunque a la tercera vez que paso por delante
con el coche, yo si supe que no le conocía. Terminé mi cigarrillo pero me quedé
ahí apoyado con los brazos en la barandilla de la valla que acotaba la terraza
de la casa, cuando el viento paró, quedándose una cálida tarde donde la brisita
caliente avisaba que el verano estaba llegando.
No tenía nada que hacer, seguí muy a
gusto mirando la calle vacía y tranquila, disfrutando de la tarde tan buena,
pero ese mismo coche volvía a pasar mientras los ojos de su conductor se
clavaban en mí otra vez.
A la siguiente vez se paró, aparcó
frente donde yo me encontraba apoyado en la verja y se bajó del coche mirándome
fijamente, cerró la puerta del coche acercándose a mí. Yo pensaba que por fin
calmaría la intriga que suscitaba en mí por tal miradas repetidas por cada vez
que pasaba junto a la casa, seguramente no sería nada importante, alguna
pregunta me querría hacer de la casa o sobre la zona. Mientras lo veía avanzar
hasta mí, me fijé bien en él, me llamaba mucho la atención por sus ojos
expresivos, una cara muy linda y atractiva, pero no lo podría describir como un
chico guapo.
Al acercarse
y sin quitar esa mirada incesante sobre mí, sentía que lo conocía, que lo
habría visto antes, aunque la realidad era, que no lo había visto en mi vida.
No decía nada y yo tampoco, absorto estaba mirando su rostro mientras mi corazón
latía más y más rápido.
-¿Qué ocurría?- Pensaba…
-¿Qué era lo que estaba pasando?- No entendiendo que me sucedía ¿Por qué estaba allí él frente
a mí sin mediar palabra?
Pasados unos
largos segundos le dije:
-¡Hola!-
-¡Perdona!- me respondió casi interrumpiéndome.
-Pero… es que… no puedo evitar el no mirarte, no sé por qué,
pero… ni yo sé que es lo que me pasa; es como si te hubiera visto pero sin
verte nunca, de verdad, no sé cómo explicarte… Me siento ahora mismo como si
hubiera encontrado algo que estaba buscando, pero sin saber que lo buscaba,
siento con mirarte felicidad y alivio, no se…-
Aquel chico no para de hablar, pero
por las facciones de su rostro, sus ojos medio llorosos y su sonrisa para mi perfecta
creía cada una de las palabas que me decía, porque en parte yo también las
estaba sintiendo, una situación un tanto extraña, aunque muy satisfactoria,
solo podía decir que lo que veía con mis ojos, su físico, sus ojos, su sonrisa,
su voz, el sentimiento de sus palabras, era como si fuera la otra mitad de mí estuviera
allí en pié esperando a ser recibida con los brazos abiertos, para juntarse a
mí, como pieza de puzle.
-…Siento la necesidad… extraña necesidad de conocerte y sé
que jamás dejaremos de estar juntos porque te he encontrado…- Me decía.
-¡Uff! ¡Pero qué me pasa!- Me dije a mí mismo.
¿Cómo era posible tanta similitud de
sentimientos mutuos? ¡Allí mismo! Si
solo acababa de verlo. Le dije que esperaba y salí a la calle mientras
pensaba si aquello era amor, un flechazo lo que nos estaba sucediendo. No podía
estar sucediendo lo que mi corazón anhelaba desde el día en que nací, no podía
ser casualidad todo esto, mi cabeza me decía que no, pero mi corazón decía sí.
¿Qué hacer? No sé como llegué tan rápido hasta él, pero teniéndolo tan cerca,
frente a mí, le cogí la cara entre mis manos, sus ojos lloraban y le pregunte:
-¿Por qué lo haces?-
-Porque sin quererlo te he encontrado- Respondió.
En ese momento yo también sentí ese
alivio aún más que antes, yo también lo había encontrado.
Acerqué mis labios a los suyos muy
despacio y le besé con ternura.
Al terminar el beso, abrí los ojos
mientras separaba sus labios de los míos y se desvanecía su imagen en el techo
de la habitación.
Me quedé tumbado unos minutos
recordando sus ojos, su rostro… mientras, oía de fondo el rugido del viento
tras la ventana, hasta que la puerta de la habitación se abrió de nuevo y tras
ella una voz decía:
-¡Ya hemos vuelto!