domingo, 2 de diciembre de 2012

“REALIDAD PARALELA”



          La locura está ahí, a sólo un paso, solo lo irreal está en nuestra mente, en nuestros sueños, en nuestros mayores deseos, la imaginación puede trasladarnos a esa irrealidad donde por un momento, podemos degustarlo sin tener paladar, esos deseos que llegamos a tocar aún sin tener el sentido del tacto, como un beso que damos pero sin sentir la humedad de esos labios.
          Imaginar está bien, pero ¿Hasta qué punto?
 
-¿Qué haces?-
-Te miro-

-Si eso veo que estas ahí como un pasmarote, un tonto enamorado, como quien mira a la luna en una noche oscura, tras la pantalla de tu portátil… o algo así.
-Disfruto del paisaje-

-¿Si?-
-¡Sí! Es bello lo que observo-

-Y eso por quién va, ¿No será por mí?-
-Sí, es por ti. ¿Y tú que ves?-

-Yo, pues te veo a ti también-
-¿Y qué ves?-

-Tus ojos-
-¿Y qué ves en ellos?-

-Pues veo...-
El cielo oscuro, la luna llena y a lo lejos, en el horizonte unas luces destellantes. Las miras, parpadean sin cesar y ahí tú quieto, observando medio confuso por esa extraña luz preguntándote que son, intrigado, absorto, sin poder dejar de observarla, como estas tú en este justo momento estas ante la web Cam.
Te preguntas que será y ahí detrás de ti, sale un leve soplido detrás de tu oreja, como un susurro, aunque sigues inmerso mirando la luz, así quieto, me muestro a tu lado y ahí mismo me siento junto a ti.
-¿Ves aquella luz? ¡Esa que parpadea! ¡Allá, a lo lejos!- Me dices estirando el brazo y señalando a lo lejos.

Yo observo pero no la veo, aunque tú insistes.
-¡Esa, allá!- Me repites señalando con el dedo insistentemente.

Yo observo más detenidamente para intentar ver la luz que tú me dices, pero, no consigo verla, está oscuro. Tu confuso por la luz que yo no veo, me miras y vuelves a mirar hacia la luz.

-¡Ya no está!- Me dices.

-No, ¡Ya no está!- Te respondo, mientras puedo ver el asombro y confusión traslúcidos a través de tus ojos.

-No está porque esa luz soy yo desde tan lejos, avisándote de que estoy ahí, esperándote-

viernes, 9 de noviembre de 2012

“LOS ANHELOS DEL CORAZON Y DEL ALMA”




            Desde la cama y con la ventana cerrada se oía el rugir del viento incesante, no tenía sueño, aún era de día, pero me sentía algo cansado, toda la mañana caminado en busca de trabajo. Me tumbé en aquel colchón que hacía de cama sobre el suelo, y recosté la cabeza sobre la almohada, mientras con una mano me cubría hasta la cintura con la manta que me traje de casa. Cerraba los ojos mientras imaginaba cómo sería  mí vida con un poco más de suerte, teniendo un trabajo, cómo sería más fácil todo con ese sustento económico que tanto necesitaba.
         
   La puerta de la habitación se abrió y tras de ella alguien decía:

-¡Nosotros nos vamos!-
-¡Vale!- Contesté y volviéndose a cerrar la misma puerta, la casa quedó totalmente en silencio, salvo el ruido exterior del viento.

            Tras el cristal de la puerta del salón se veía la terraza que daba a la calle con el suelo de tierra. Veía tras ella como el viento la levantaba, no pensaba salir ahí fuera, pero me lié un cigarrillo, lo encendí y salí a fumar a aquella terraza. Hacía mucho viento, levantaba hasta mi corto pelo, el sol estaba fuerte aunque ya era tarde y a pesar del fuerte viento no hacía frío. 

No había nadie en la calle, ni un ruido más que el de aquel incesante viento, hasta que ya fumado medio cigarrillo un coche pasó, frenó en frente de mí aunque sin detenerse siguió, volvió a pasar despacio y mirando fijamente hacia mí su conductor, pensé que no estaba seguro de si me conocía, aunque a la tercera vez que paso por delante con el coche, yo si supe que no le conocía. Terminé mi cigarrillo pero me quedé ahí apoyado con los brazos en la barandilla de la valla que acotaba la terraza de la casa, cuando el viento paró, quedándose una cálida tarde donde la brisita caliente avisaba que el verano estaba llegando.

No tenía nada que hacer, seguí muy a gusto mirando la calle vacía y tranquila, disfrutando de la tarde tan buena, pero ese mismo coche volvía a pasar mientras los ojos de su conductor se clavaban en mí otra vez. 

A la siguiente vez se paró, aparcó frente donde yo me encontraba apoyado en la verja y se bajó del coche mirándome fijamente, cerró la puerta del coche acercándose a mí. Yo pensaba que por fin calmaría la intriga que suscitaba en mí por tal miradas repetidas por cada vez que pasaba junto a la casa, seguramente no sería nada importante, alguna pregunta me querría hacer de la casa o sobre la zona. Mientras lo veía avanzar hasta mí, me fijé bien en él, me llamaba mucho la atención por sus ojos expresivos, una cara muy linda y atractiva, pero no lo podría describir como un chico guapo.

            Al acercarse y sin quitar esa mirada incesante sobre mí, sentía que lo conocía, que lo habría visto antes, aunque la realidad era, que no lo había visto en mi vida. No decía nada y yo tampoco, absorto estaba mirando su rostro mientras mi corazón latía más y más rápido.

-¿Qué ocurría?- Pensaba…

-¿Qué era lo que estaba pasando?- No entendiendo  que me sucedía ¿Por qué estaba allí él frente a mí sin mediar palabra?

            Pasados unos largos segundos le dije:

-¡Hola!-
-¡Perdona!- me respondió casi interrumpiéndome.
-Pero… es que… no puedo evitar el no mirarte, no sé por qué, pero… ni yo sé que es lo que me pasa; es como si te hubiera visto pero sin verte nunca, de verdad, no sé cómo explicarte… Me siento ahora mismo como si hubiera encontrado algo que estaba buscando, pero sin saber que lo buscaba, siento con mirarte felicidad y alivio, no se…-

Aquel chico no para de hablar, pero por las facciones de su rostro, sus ojos medio llorosos y su sonrisa para mi perfecta creía cada una de las palabas que me decía, porque en parte yo también las estaba sintiendo, una situación un tanto extraña, aunque muy satisfactoria, solo podía decir que lo que veía con mis ojos, su físico, sus ojos, su sonrisa, su voz, el sentimiento de sus palabras, era como si fuera la otra mitad de mí estuviera allí en pié esperando a ser recibida con los brazos abiertos, para juntarse a mí, como pieza de puzle.

-…Siento la necesidad… extraña necesidad de conocerte y sé que jamás dejaremos de estar juntos porque te he encontrado…- Me decía.
-¡Uff! ¡Pero qué me pasa!- Me dije a mí mismo.

¿Cómo era posible tanta similitud de sentimientos mutuos? ¡Allí mismo! Si  solo acababa de verlo. Le dije que esperaba y salí a la calle mientras pensaba si aquello era amor, un flechazo lo que nos estaba sucediendo. No podía estar sucediendo lo que mi corazón anhelaba desde el día en que nací, no podía ser casualidad todo esto, mi cabeza me decía que no, pero mi corazón decía sí. ¿Qué hacer? No sé como llegué tan rápido hasta él, pero teniéndolo tan cerca, frente a mí, le cogí la cara entre mis manos, sus ojos lloraban y le pregunte:

-¿Por qué lo haces?-
-Porque sin quererlo te he encontrado- Respondió.

En ese momento yo también sentí ese alivio aún más que antes, yo también lo había encontrado.

Acerqué mis labios a los suyos muy despacio y le besé con ternura.

Al terminar el beso, abrí los ojos mientras separaba sus labios de los míos y se desvanecía su imagen en el techo de la habitación.

Me quedé tumbado unos minutos recordando sus ojos, su rostro… mientras, oía de fondo el rugido del viento tras la ventana, hasta que la puerta de la habitación se abrió de nuevo y tras ella una voz decía:

-¡Ya hemos vuelto!

jueves, 11 de octubre de 2012

"LO QUE PENSAMOS Y NO DECIMOS"



No sé qué hacía allí, tanto tiempo me consumía, solo quería estar solo con mis pensamientos, sólo yo y ellos, nadie más. Al día siguiente bajé a la playa, no estaba caluroso, es más, en el agua hacía sombra y la temperatura de ella era muy agradable, me quedé allí tumbado casi en la orilla con el agua cubriéndome los labios, con la mirada al frente, muy fijo cuando vi que pasaban corriendo unos pies, morenos. Seguí subiendo y seguí observando, sus gemelos anchos, unos muslos fibrosos, cuando pisaban se percibía la marcación de cada uno de sus tendones anteriores, sus glúteos al son del paso de su trote, sus manos balanceándose de adelante a atrás. Allí me quedé esperando.
A su regreso paro cerca de mí e hizo unos estiramientos, yo seguí allí como espectador de esa película fitnes que estaba observando, o como aquella serie que daban por la tele “Los vigilantes de la playa”, donde su principal protagonista David Hasselhoff, mandaba a sus modelos socorristas a vigilar las extensas playas de Malibú. Cuando termino esos estiramientos se metió en el agua al pasar levantó las cejas, como si de un saludo, un hola se tratara, yo le contesté con un leve levantamiento de cabeza, sonriendo, no mucho, solo un poco, acto seguido volví la vista al frente mientras, el protagonista de mi película fitnes se adentraba en las aguas. Yo vagamente dejaba volar mi mente pensando en un ficticio rescate, claramente si mi principal protagonista sufriera un terrible calambre en alta mar, como aprovecharía para tocar su piel morena, musculada y marcada.

-¿Se está bien verdad?-

-¡Ahhh!- Dije con voz baja y medio entrecortada, saliendo de ese efusivo medio rescate ficticio.

No era mi estilo asustarme pegando gritos como una chica encima de una silla, por ver correteando a un ratón en el salón de su casa, sorprendido estaba eso sí, viendo a él rescatado como rescatador justo a mi lado, como yo, tumbado en el agua y encima me estaba hablando, y yo por el contrario en vez de contestar, permanezco con la boca medio entreabierta y pensando en todo esto sin soltar media palabra.

-¡Perdona! No te escuché.-

            Pero ¿qué tonterías digo? Estaba quedando encima como interesante, por mi torpeza. Como deseaba que llegara una ola y me revolcara por la arena, eso sí sería una buena excusa como para no haberle escuchado.

-Que no hace sol, pero… se está bien ¿No?- Dijo mientras juntaba las cejas y levantaba un poco su labio izquierdo.Estaría pensando si yo era de Marte como para tener aquel estúpido comportamiento.

-Sí si si siiiiii ¡¡¡claaaaaaro, estupendo!!! ¿NO crees?- No habría persona en el mundo, que pudiera estar haciendo más el imbécil que yo en ese justo momento, parecía un alemán diciendo yaaaaa ya ya ya, y… ¿No crees?, ¿Le hacia la misma pregunta que él me había hecho? Esto no podía estar pasando, la situación parecía una tira cómica pero sin gracia.

-Si eso mismo te pregunte- Respondió con el ceño mas fruncido y el labio más levantado; y encima no era tonto, se había percatado de mi estúpida pregunta.

-¡¡Tranquilo no muerdo!!- Siguió diciendo al ver que no contestaba en un tono no muy serio.

-¿Ahh? ¿Nooo?-
Noooooooo, ¡¡¡Tierra ábrete y traaaaaaagameeeee!!! ¿Cómo le pude decir semejante coooooosa? ¿Pero… en que estoy pensando? Sí, eso sí sabía en lo que estaba pensando.

-No de momento no- Dijo sonriendo.

        ¡Jo! menos mal sonríe, bueno por lo menos le ha hecho gracia.

-¿Te gusta el deporte por lo que veo?- Bueno menos mal una pregunta sensata que sale de mi boca.

-¿Sí tú crees?- Dijo mientras se ponía de rodillas admirándose y tocándose su torso y abdominales completamente definidos, dejando mi sensata pregunta más bajo que la arena en la que me encontraba tumbado.

-¡Siii claaaro! No hay más que verte, te cuidas mucho, yo la verdad, prefiero dedicar mi tiempo a otras cosas-

         ¡¡Uff!! Bueno mi supuesta sensata pregunta ahora no quedaba tan abajo.
-¿Cómo? ¿En qué por ejemplo?- Preguntó.

          Ahora sí que la e liado.

-¡Ehhh!, Pues, no sé…- ¡Di algo! ¡Di algo! pensaba.

-En leer por ejemplo- Dije orgulloso por ser la primera respuesta adulta que salía de mi boca.

-¡Ahh siii! ¿Y qué lees?- Volvió a preguntar

-Un libro- Respondí.

            ¿Qué iba a ser? Pues un libro, ¿Qué cosas en esta vida se pueden leer? Parece un niño con tanta preguntadera tonta.

-Sí, un libro, una revista pero… ¿Qué tipo de lectura? ¿Lectura receptiva? ¿Informativa? ¿De ciencia ficción? ¿Relatos? ¿Literatura?- Respondió con postulación de ¡Hola! ¡Estoy aquí! ¡No soy adivinooo!

            Haber hagamos un gran paréntesis, es guapo, esta cachas, una voz formidable, parece agradable, ¿Por qué también tiene que tener cerebro? ¿No puede conformarse solo con eso? Un vigilante modelo como el de la serie, ya, solo eso. En vez de salir de la situación, me meto en una peor, pero ¡¡¡Que hago!!! ¡Piensa!

-Pues… digo leer en general, como también ir a la playa, escuchar música, meterme en internet, quedar con amigos… todo eso-

-Pues yo aparte de hacer todo eso, también hago deporte, ¡Me gusta!-
-¡Ahh!-

¿Ahh? Pero... ¿Qué respuesta es esa? Haber ya saliste del atolladero ahora piensa algo que preguntar que no sea estúpido…

-¿Sí?  ¿Y cuánto tiempo le dedicas?- ¡Uff parece que la situación la estoy llevando mas encaminada! ¡Muy bien! Preguntando algo que a él le mola.

-Pues una hora al día de media de lunes a viernes, ¡Por cierto! ¿Qué vas a hacer esta noche? ¿Tienes planes? ¿Te apetece que cenemos en mi casa?-

            Sí sí sí, que buen director soy, la película estaba siendo todo un éxito, me estaba invitando a cenar, ¡¡¡Agrrrrrrrr!!! ¡A mí! ¿Y qué me pongo? ¡Jolines! Los pantalones que me que quedan geniales los tengo en la cesta de la ropa sucia, bueno puedo ponerme los beige, esos también me quedan geniales con las zapatillas blancas.

-Pues no, no tengo nada mejor que hacer- Respondí aguantando la emoción.

            Se levantó y al incorporarse dijo:

 -¿Vamos?- Dijo mientras extendía su mano hacia mí para ayudarme a levantar. 

¡Eing! Un momento ¡Ahora! ¿En este momento? ¿Así sin ducharme ni vestirme? ¿Quiere pasar conmigo lo que queda de tarde y la noche? ¿Conocerme? ¡Ohhh Dios! Y yo con estas pintas.

Todo en esta vida tiene una explicación lógica, aunque a veces no las entendamos, cuando se presenta una ocasión, debemos dar prioridad a esas pequeñas cosas que no vemos, no oímos, no nos dicen directamente pero, que se pueden percibir con ese sexto sentido, solo hay que estar atento y leer entre esas líneas que están ocultas, porque solo así nos daremos cuenta de cuáles son las necesidades de los demás y entender ciertas aptitudes.
            Extendí la mano y me dejé ayudar; y mirándole a los ojos sin pensar en nada más le dije:
-¡Sí! ¡Vamos!

miércoles, 11 de julio de 2012

"Mi primera vez"

Todos le damos una importancia al sexo, hay casos en los que unos les dan poca y en otros casos la importancia es infinita y entre medio grados y grados pero, realmente le damos importancia al recuerdo que quedará el resto de nuestra vida o simplemente, deseamos de forma eufórica saber que se siente como normalmente suele ocurrir… Deberíamos pensar un poco más en estas cuestiones antes de dar el paso, no hablo de si nos sentiremos satisfechos por el resultado, hablo de sentimientos, de una parte de la inmaculada inocencia que perderemos, de ese recuerdo, que con el tiempo diremos si realmente fue como esperábamos, de si la persona era la indicada, si queríamos algo diferente, si hubo esa magia que creíamos y era cierta, creo que se le da mucha importancia a qué será, más que a cómo quisiera que fuera.
            En aquellos años en los que creía que mi vida estaba cargada de completas obligaciones con los estudios, no comprendí hasta ya avanzada edad que las verdaderas obligaciones eran las que tenían mis padres, ilusamente pensé que yo y mis hermanos éramos los que teníamos la peor vida del mundo, por sacar las buenas notas que tanto nos insistían mis padres, para tener un buen futuro nos decían.
            Lo mejor de sacar aquellas buenas notas era las vacaciones en la playa, donde no teníamos que hacer prácticamente nada, más que aquello que quisiéramos hacer, salir con los amigos, divertirnos, llegar más tarde a casa de la hora habitual que nos tenían acostumbrados. Aquellas tardes con los amigos que terminaban en noche oscura. Entre ellos estaba Connor, un amigo desde la niñez.
            Desde siempre me había gustado Connor, con su pelo color de oro, sus ojos azules, su piel poco bronceada, sus músculos definidos, pero lo que me hacia suspirar era su enorme y perfecta sonrisa capaz de iluminar y dar color, a cualquier sitio a donde fuera. Hacía que me sonrojara cada vez que sonreía aunque no estuviera muy cerca de mí.
            Estando una de las veces en la playa todos alrededor, Connor se sentó a mi lado, fue impresionante estar tan cerca de él. Cuando llegue a casa de esa misma noche y tumbado en la cama, mientras mis hermanos dormían, yo me imaginaba a Connor y a mi solos en aquella hoguera, tumbados en la arena, acariciando mi cabellos mientras miraba mis ojos y yo, podía ver la hoguera reflejada en los suyos. Allí en mi cabeza tenía los momentos más perfectos que podía soñar, siempre con Connor.
            Así todas las noches desde que llegaba a casa, sentía deseos locos de que todos estuvieran durmiendo ya, para yo poder evadirme de la vida real y, empezar a tener mis irrealidades con Connor. Aquellas miradas cruzadas de casualidad, en mis sueños eran miradas clamando el que estuviera cada vez más cerca de él, aquellas palabras de conversación con los amigos, eran palabras de amor que solo a mí me dirigía. Solo deseaba poder besar sus, gruesos, carnosos y sonrosados labios y probar de ellos la miel, la esencia de lo que estaban hechos, me excitaba muchísimo pensar en sus besos, en que me podría pasar la vida besando su boca y sentir sus manos alrededor de mí.

            Una de las noches no me encontraba bien y fui al baño de un bar que estaba en la playa. Cuando llegué al lavabo abrí el grifo y con las dos manos cogí agua vertiéndola por toda mi cara, estaba mareado, había bebido un poco más de la cuenta, me fijé porque me veía reflejado en el espejo del baño, volví a coger más agua y me la eché por la cabeza, mi pelo quedó mojado y el agua caía mojando la camiseta sin mangas que llevaba. Quedé allí apoyado con las manos en el lavabo y mirándome al pequeño espejo del baño, queriendo que se me pasara un poco el mareo para volver a la playa. ¡De repente! La puerta del baño se abrió y di un pequeño sobresalto por el susto, era Connor abriendo, cerrando la puerta se puso en frente de mí, se acercó muy lentamente hasta estar totalmente pegado a mí, me cogió de los hombros, su nariz estaba casi justo pegada a la mía y pensé que esta vez no tenía que llegar a casa para poder disfrutar de ese sueño, esa irrealidad, esta vez era real, me quitó de la puerta que daba al wc poniéndome contra los azulejos blancos de la pared, sintiéndolos fríos contra mi espalda. Pensé que iba a besarme al acercarse tanto, así que cerré los ojos, dejándome llevar por su actitud dominante, para aceptar sus labios en los míos,  cuando sentí que sus manos ya no estaban puestas en mis hombros y la puerta del wc se cerró. Estaba pegado a la pared frente al espejo y podía verme la cara, de tonto y borracho que se me quedó al pensar que lo que quería, era besarme, en vez de apartarme para poder entrar al cuarto del inodoro.
No tardó mucho en salir yo allí de pié estaba pensando en lo imbécil que era, pero al salir paso por delante de mí de frente a mí mirándome muy fijamente y, muy lentamente, apretó su cuerpo al mío como si no hubiera espacio para pasar entre el lavabo y yo, me qué perplejo, con los ojos muy abiertos, pero pensaba, que era otra vez como antes, solo quería pasar. Al salir cerró la puerta sin dejar de mirarme y una vez ya cerrado me fui otra vez hasta el grifo y me eche más agua sobre mi cabeza, ¡No! Me repetía una y otra vez, esto no podía estar pasando pero, si había espacio suficiente entre el lavabo y yo, para no tener que pasar tan pegado a mí, por qué lo hizo.
Cuanto más barajaba la posibilidad de que era cierto aquel restregón apropósito contra mí, más agua me echaba sobre la cabeza y así por lo menos poder pensar con algo mas de claridad sin la obsesión típica del alcohol recorriéndome por las venas.
            Al llegar a casa no pude dejar de pensar en Connor de una forma frenética, en lo que ocurrió, aunque en todo el resto de la noche, no hubo una sutil mirada hacia mí, pero lo que si sabía que lo que ocurrió en el baño era real, no fue mi imaginación, ¡Ufff! Lo peor de todo era que quería una segunda opinión para poderme quedar tranquilo sobre lo sucedido, pero no poder hacerlo, me consumía, de sólo pensar que a Connor le gustaba yo, me llevaba al borde de la locura, la excitación emocional, me hacía estar en una nube todo el tiempo, y así me dormí aquella noche, teniendo a Connor contra mí, sintiendo su cuerpo pegado al mío.
            A la mañana siguiente desperté como nunca, feliz y sin dudarlo quité la manta sobre mi y de un salto baje de la cama directo a la ducha. Mis padres estaban completamente asombrados sentados en la mesa de la cocina,  de las radiaciones de felicidad que emanaban de mi cuerpo, como ondas radiofónicas salidas de una antena, durante todo el desayuno.
            Al medio día, después del almuerzo mis hermanos y yo bajamos a la playa, mi madre no nos quería dejar ir, preocupada por si nos metíamos en el agua sin haber hecho la digestión, así que le prometimos que no nos meteríamos. Al llegar y tocar la arena con los pies, miré al cielo y cerré mis ojos, extendiendo mis brazos como ave que levanta las alas para comenzar a volar, sentí una extraña sensación de libertad y felicidad que no había sentido hasta ese justo momento, fueron unos segundos solamente pero, en esos segundos del día fueron los únicos en los que no pensaba ni ansiaba, en reencontrarme con Connor desde que me levanté, duró muy poco y aún todavía la recuerdo, es indescriptible, cada vez que me acuerdo produce una pequeña sonrisa en mi rostro.
            Por la noche después de cenar teníamos pensado en volver a bajar a la playa como habíamos quedado el día anterior, pero un inesperado tono repetido del teléfono antes de cenar, nos dijo que no fuéramos a la playa, que nos esperarían en el embarcadero.
            Al llegar mis ojos corrían por cada rincón del embarcadero en busca de Connor. Allí estaba, sentado sobre un tronco de madera, llevaba unos pantalones cortos por encima de la rodilla y estaba con el torso desnudo, sombreando cada curva de su definido abdomen  por la claridad reflejada de la luna en las aguas del embarcadero sobre su cuerpo. Al vernos se levantó del tronco donde estaba sentado y vino hasta nosotros invitándonos a ir hasta la hoguera que había hecho para encenderla. -Ven ayúdame- Me dijo. –Pon papeles por debajo que yo la enciendo con las cerillas. Puse el papel de periódico como me había dicho y Connor encendió la hoguera, ¡Uff! Ahora si que se reflejaba bien aquel cuerpo con la claridad de la llamas de la hoguera, estaba muy sexy, se sentó junto a mí y lo noté bastante atento conmigo. De costumbre normalmente hacía como si no existiera, con quien se llevaba bien era con mi hermano Patrik, no quise pensar en el por qué de aquel trato especial, solo quise disfrutar de aquella noche lo máximo posible y podríamos decir que me dejé llevar de la forma más normal que sabía, sin pensar en el después, solo en cada momento actual.
            ¡Que noche! Disfruté tanto que aún recuerdo de cómo era aquella claridad de la hoguera en la cara de todos los que estábamos allí, como en cámara lenta, unos se contaban secretos al oído, otros hacían payasadas sobre la arena frente al fuego mientras los demás reían cayendo de espalda al suelo de las risas, múltiples carcajadas salían de mi boca viendo todo aquello, Connor al reírse se venía contra mí tocándome, con las manos o con la cabeza, jugaba conmigo, ¡Que noche! Todavía en alguna ocasión mis hermanos y yo recordamos aquel verano como el mejor de todos los veranos que pasamos allí.
            Al terminar Connor se quedó solo recogiendo, no quiso que ninguno nos quedáramos a ayudarle pero, al salir del embarcadero, le dije a mis hermanos que ayudaría a Connor a recoger, era la última noche de aquel verano allí y a la mañana siguiente volveríamos a casa, era la oportunidad que tenía de quedarme con a solas con Connor y por lo menos estar más tiempo con él, me dijeron que no tardara mucho, que era muy tarde, ví en mi hermano Patrik una extraña mirada al decirme que no tardara mucho, pero no le presté importancia, solo pensaba en pasar más tiempo con Connor. Di media vuelta y fui directo a él.
            Cuando llegué estaba agachado recogiendo unos vasos de la arena, al verme se medio levantó y sin decirle nada, empecé a recoger yo también los vasos y papeles que estaban medio hundidos en la arena, no tardó en pedirme ayuda para cargar el cubo de basura ya lleno por lo que habíamos recogido, Connor lo cogió por un extremo y yo por el otro y lo llevamos hasta un pequeño cobertizo al lado del embarcadero. Dejé caer el cubo en el suelo con fuerza, pesaba mucho para mí, cayéndose la tapa. En un acto reflejo, los dos fuimos a recoger la tapa del suelo, yo fui un poco más rápido que él agarrándola por el asa, Connor un poco mas lento agarró mi mano que sujetaba el asa, nos miramos, una mirada tímida por mi parte, una mirada penetrante por la suya y sin dudarlo le besé, un beso rápido, fugaz, toqué sus labios y rápidamente los quité. Ni yo sabía lo que había hecho, me arrepentía incluso, solté el asa de mi mano para irme corriendo de allí, pero no pude, el no soltaba mi mano, pero su cara se acercaba cada vez más a la mía, despacio, muy despacio acercó sus labios a los míos, no cerré los ojos hasta que sus labios estuvieron muy junto a los míos, me agarró por los hombros sin dejar de besarme y, una vez ya de pié, metió sus manos dentro de mi camiseta tocando con una mano mi espalda y con la otra mi torso, yo por el contrario lo tenía agarrado por el cuello con mis manos, no quería que me dejara de besar. Su lengua recorría cada parte de mi boca una y otra vez, luego paso a mi cuello, besándolo y mordiéndolo, soplando cada parte por la que su lengua dejaba un rastro húmedo, el éxtasis recorría mi cuerpo entre aquel contraste entre el calor de su lengua y el frío de sus pequeños soplidos, creí estremecer pero, siguió hasta mi oreja recorriéndola de fuera hasta dentro en una espiral, cuando la punta de su lengua terminó dentro de mi oreja, jadeé tanto, sentía como un orgasmo continuo, uno detrás de otro, Connor sabía que me estaba gustando por mis alaridos de placer, no paró de meter su lengua en mi oreja y rozarla con sus labios, se notaba que no era la primera vez que lo hacía, me levantó por la cintura y me sentó en una mesa no muy alta que había en el cobertizo, allí no paró de besarme y frotar su cuerpo contra el mío, yo no dejaba de apretar con mis manos su espalda contra mí, deseaba tanto ese momento y ahí estaba, me dejaba llevar como agua por un río. Quitó con sus manos mi camiseta y yo la suya, recorrí con mis manos cada palmo de su suave y lampiño torso musculado, se notaba que él no se conformaba solo con suaves toqueteos de adolescente, me tumbo y comenzó a chupar y lamer mis pezones, luego a darle pequeñas mordidas justas haciendo que se pusieran duros como piedras. Bajó muy cuidadosamente con su boca hasta mi ombligo, mientras sus manos bajaban por mi cintura llevándose consigo el pantalón, dejándome completamente al desnudo, yo no podía dejar de experimentar una serie de sensaciones completamente nuevas y excitantes, me tenía el corazón a mil por hora, la adrenalina recorriendo mis venas, un éxtasis continuo, cuando la puerta del cobertizo se abrió con el chirrido de la madera ya vieja y dando un estruendo portazo en la pared, ¡Era mi hermano! Connor se apartó de mí y yo bajé de la mesa para subirme rápidamente los pantalones. Durante todo el camino mi cabeza permaneció cabizbaja y mi hermano no medió palabra conmigo, se acostó y nunca dijo a mis padres lo que había visto en aquel cobertizo.
            Al día siguiente en el coche de vuelta a casa, no podía quitarme de la cabeza la excitación, la pasión, el deseo, el frenesí que Connor me hizo sentir, el ardor con que nuestros dos cuerpos en llamas ardían sobre la mesa. No llegamos a terminar, es más, nunca había pensado en Connor en llegar a terminar, pero en ese momento hubiera dejado que Connor hubiera hecho lo que hubiera querido con mi cuerpo.
            Al verano siguiente fuimos como de costumbre a la playa pero Connor a partir de ahí nunca fue el mismo conmigo, me evitaba, ni me miraba siquiera, era como si yo no estuviera, me ignoraba, sentía su desprecio a larga distancia.
No pasaron muchos años que dejó de ir por la playa, fue como si la tierra se lo hubiera tragado, y ningún verano más, lo volví a ver y los sueños con Connor poco a poco fueron desapareciendo cada año.
            Pasados unos años lo vi por la calle paseando con mi actual y primer novio, íbamos cogidos de la mano y Connor iba tirando un carrito de bebe con una chica que seguro era su mujer, al pasar nos miramos muy fijamente, pudiendo sentir pena en sus ojos, infelicidad, su dolor interior, fue algo muy extraño.
            Yo perdí mi virginidad muchos años después y no tuvo nada que ver con la excitante, frenética y placentera noche que pasé en el cobertizo con Connor.
Tuve que agradecer a mi hermano lo que sin quererlo había hecho por mí, un favor infinito, Connor era un adonis, una llama ardiente de deseo, de placer, una máquina de hacer sexo. Ahora tengo a mi lado a un hombre que no se llama Connor, pero lo llamo amor mío. Y mi primera vez, fue mejor aún que un sueño llamado Connor.

                                                                                                                     
11/07/2012